Me debatía esta semana entre
varios temas que llamaban mi atención, entre los que estaban la “celebración”
por parte del gobierno venezolano de un aniversario más de la intentona
golpista del 27 de noviembre de 1992, donde nuevamente y repitiendo los hechos
sangrientos de algunos meses antes, muchos venezolanos inocentes fueron abatidos
en medio del fuego cruzado y llenando centenares de hogares de dolor. Por lo
que la palabra celebración no cabe en este día.
También quería expresar nuevamente
mi solidaridad con la justicia verdadera y pedir libertad para los presos políticos
venezolanos, quienes no solo sufren la
privación de tan importante derecho, sino también padecen enfermedades y como
el caso especifico de la Jueza María de Lourdes Afiuni, que ha pasado por el
horror de una violación mientras estuvo presa en la cárcel de mujeres y ahora
ha salido a la luz su nuevo viacrucis.
El censo de exiliados en el exterior,
para así estudiar sus casos y su posible retorno a Venezuela, que entra dentro
de la “amnistía” que estudia el gobierno, para ellos y los presos políticos que
se encuentran en las cárceles, también ocupa un importante espacio en los
medios periodísticos del país y en el deseo de muchos que como yo, esperan por fin
ver en el gobierno venezolano alguna señal de buena voluntad.
Decidí luego de algunas horas y
ya frente a las teclas de mi computadora que quería celebrar, y sin que haya
duda en la afirmación, la aprobación la Ley sobre Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y
Células en Seres Humanos, que en su artículo 27 instaura la figura de donante presunto.
Con la
aprobación de esta ley se prevé una reducción enorme en la listas de espera, de
muchos enfermos, para una donación que pueda salvarles la vida.
Son miles de venezolanos que hoy padecen los
rigores de enfermedades muy graves pero que tienen esperanzas de vivir una vida
normal y productiva si reciben un trasplante a tiempo.
Esta por fin
se convierte en una buena noticia entre tantas y tantos padecimientos,
criminalidad y excesos en un país dirigido por quienes han tergiversado los
reales valores de moral y civilidad. Por quienes celebran hechos de sangre,
como si se tratara de éxitos humanitarios. Un país donde se condena la denuncia
y la oposición política.
Quisiera cerrar
hoy expresando mi sincero y profundo agradecimiento a Ernesto Mc Causland.
Llegue hasta donde ahora El Señor lo cobija, mi admiración eterna y gratitud
sincera. Hiciste realidad uno de mis sueños anhelados: Escribir. Te extrañaremos
siempre.
Publicado en El Heraldo, Barranquilla, Colombia
Publicado en El Heraldo, Barranquilla, Colombia
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